NADAL GANA A DAVID FERRER


Un legendario Nadal tumba a Ferrer y pone rumbo a su séptimo Roland Garros

Rafa Nadal

 

Rafael Nadal derrota a David Ferrer en tres sets (6-2, 6-2 y 6-1) en menos de dos horas con la lluvia como inoportuno visitante y espera ya en la final a Novak Djokovic o a Roger Federer, último rival del balear para conquistar su séptimo Roland Garros y entrar en la historia del torneo parisino.

 

El huracán Nadal apareció por París y en cuanto llegó Ferrer no tuvo nada que hacer en la semifinal española de Roland Garros. El alicantino tuvo en Rafa a un rival infranqueable y el seis veces ganador del torneo por excelencia de tierra del mundo se deshizo de David en tres sets (6-2, 6-2, 6-1) en menos de dos horas de partido.

Y eso que Nadal entró frío al partido. Entró dubitativo, cometiendo errores impropios en él e incapaz de dominar la bola como acostumbra sobre tierra. Centrando mucho cada golpe, sin encontrar las líneas… sin encontrar su tenis. Pero era normal que no lo encontrara, porque delante de él tenía a un David Ferrer que parecía un auténtico emperador durante los primeros juegos.

Estaba enchufadísimo el alicantino. Muy agresivo, luchando para llegar a su primera final de Roland Garros tras un expléndido torneo en el que se ha cargado a Andy Murray. Llegó incluso a tener dos bolas de ‘break’ en el cuarto juego pero… como se dice en fútbol, cuando tienes ocasiones y las perdonas lo acabas pagando. Y el de Jávea lo pagó, lo pagó muy caro.

Porque lejos de romperle el saque a Nadal lo que pasó fue que Rafa le rompió el suyo en el juego siguiente a la primera ocasión. Y a partir de ahí comenzó el huracán,el tsunami balear con la forma de un tenista que parecía un muro infranqueable que devolvía toda bola que le llegaba y que cuando atacaba no se andaba con medianías. Con el quinto juego, con la ruptura del saque de Ferrer, se acabó el primer set, porque David se vino abajo y Nadal se le comió en todos y en cada uno de los puntos.

El cielo se nubló y la lluvia apareció
Y llegó el segundo set, y Ferrer pasó del blanco al rosa en su camiseta… y las nubes se acercaban. Nubes con agua, pero el agua es inteligente y también quería disfrutar del tenis que tenía lugar en París. Porque Rafa seguía desatado, y cuando Rafa está así, lo único que se puede hacer es minimizar el daño, si eres su rival, y sentarse a disfrutar de los sucesos sobre la tierra batida, si eres un espectador. El rosa de Ferrer pareció motivar más a Nadal…

Desde todos los ángulos, desde todas las zonas de la pista, de derecha o de revés, de volea, desde el fondo de la pista… de pie y en el suelo. Sí, en el suelo. Porque desde el suelo fue como Rafa hizo levantarse a todo el público presente en la semifinal española. Ni un resbalón arrebató un punto a Nadal, un pundo que todavía ahora nos preguntamos cómo pudo ser capaz de lograr, pero lo hizo. Ferrer tampoco se lo explica… no se explica cómo le devolvió la bola desde el suelo, cómo se levantó y cómo le pudo poner un globo donde se lo puso tras erguirse.

Treinta minutos de relajación obligada, porque la lluvia apareció cuando menos tenía que aparecer. Apareció para intentar cargarse el ritmo de un partido, de un partidazo mejor dicho. Pero no lo logró, porque en la arena, en la arena de París, había dos gladiadores, dos luchadores que pelean contra los elementos agua y viento y manejan a su antojo el elemento tierra. Nada más reanudarse el partido, Nadal no concedió ni el más mínimo segundo y en tres juegos cerró el segundo set con otro 6-2 a su favor.

Nadal, por la vía rápida
Y el tercer set ya fue la culminación. Rafa no quería andarse con rodeos y se dio prisa en cerrar el partido para estar de nuevo en la final de Roland Garros, una final que para él empieza a ser tan costumbre como el ir a por el pan de la mayoría de los españoles. Se dio prisa en romper el saque a Ferrer, en el primer juego, y a partir de ahí, para adelante. Y es que sólo cedió un juego ante el alicantino, que ya no sabía que hacer contra Nadal.

Y 6-1 en el set. Y cinco juegos en total que perdió ante un Ferrer que llegaba a tope y que al comienzo del duelo dio algún que otro susto al balear con un tenis muy agresivo que tuvo contra las cuerdas a Nadal. Pero ni el alicantino ni la lluvia que apareció durante el encuentro pudieron con un tenista, con un Rafa, que va camino de ser leyenda en París.

Sólo queda un escollo más, un rival más para alzarse con su séptimo Roland Garros. Djokovic o Federer, Federer o Djokovic. Sea quien sea el contrincante, Nadal ya espera en la final.

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